Vol. VIII, No. 07 - 31 Agosto 2026
La reciente reunión de la Junta de Defensa Mutua y la Junta de Cooperación en materia de Seguridad (MDB-SEB), celebrada el 7 de agosto en Camp Aguinaldo, volvió a poner de manifiesto la creciente sumisión del régimen de Marcos Jr. al imperialismo estadounidense. Durante la reunión, altos mandos de las Fuerzas Armadas de Filipinas (AFP) y del ejército estadounidense firmaron el denominado «memorándum de las ocho estrellas», un documento que regirá cientos de actividades y operaciones militares en todo el país en 2027. Al mismo tiempo, ambas partes reafirmaron el Tratado de Defensa Mutua (MDT), firmado hace 75 años y uno de los instrumentos más duraderos del control neocolonial estadounidense sobre Filipinas.
Al igual que en años anteriores, se ocultó deliberadamente al pueblo filipino el contenido del acuerdo. Las autoridades no anunciaron la reunión hasta después de que se hubiera celebrado, mientras que los detalles del memorándum de las ocho estrellas siguen siendo en gran medida secretos. Sin embargo, lo que se ha hecho público basta para revelar su carácter antinacional. El acuerdo allanará el camino para más de 500 actividades de cooperación en materia de defensa al año, entre ellas operaciones militares, ejercicios, intercambios y otras actividades con participación de tropas estadounidenses, vulnerando de hecho la soberanía nacional del país.
Desde su firma en 1951, el MDT ha funcionado como un mecanismo para preservar la influencia estadounidense sobre los asuntos políticos y militares del país. El tratado ha perpetuado la dependencia de las AFP respecto de la ayuda militar extranjera, la inteligencia militar, el equipamiento e incluso la supervisión directa durante las operaciones de «contrainsurgencia». Las propias AFP siguen siendo uno de los principales instrumentos del imperialismo estadounidense para preservar el régimen fascista de la gran burguesía compradora y los grandes terratenientes.
Esta nueva reafirmación del MDT se produce en un contexto de intensificación de la rivalidad interimperialista entre Estados Unidos y China. Ante su declive estratégico y el agravamiento de sus crisis económicas y políticas, el imperialismo estadounidense está consolidando agresivamente sus posiciones militares en toda la región de Asia-Pacífico con el objetivo de preservar su hegemonía mundial. Filipinas se ha convertido en un componente fundamental de esta estrategia. Mediante el MDT, el EDCA, el Acuerdo sobre Fuerzas Visitantes (VFA) y otros acuerdos de defensa desiguales, Estados Unidos ha ampliado y consolidado agresivamente su presencia militar en todo el archipiélago.
El creciente número de ejercicios militares, la construcción y ampliación de emplazamientos del EDCA, el despliegue anticipado de material militar y la creciente presencia de tropas estadounidenses apuntan a un único objetivo: preparar a Filipinas para que sirva como base de operaciones en futuros enfrentamientos militares de Estados Unidos en la región. Estas medidas pretenden promover los intereses estratégicos estadounidenses y reforzar su capacidad para proyectar poder militar contra sus rivales.
El mayor peligro es que se está obligando al pueblo filipino a cargar con los riesgos de un conflicto que no responde ni a sus intereses ni a sus aspiraciones. En absoluta sumisión a su amo imperialista, el régimen de Marcos está integrando cada vez más al país en las guerras de agresión estadounidenses. Las comunidades situadas cerca de instalaciones militares, puertos, aeródromos y emplazamientos del EDCA se enfrentan a la posibilidad de convertirse en objetivos en un futuro enfrentamiento armado con China.
La entusiasta adhesión del Estado reaccionario al MDT y a otros acuerdos relacionados revela también su profundo temor ante la creciente resistencia del pueblo filipino. Mientras se destinan miles de millones a la modernización militar y a ampliar la cooperación militar con Estados Unidos, se siguen ignorando las demandas básicas de las masas en materia de tierra, empleo, salarios dignos, servicios sociales y un auténtico desarrollo nacional. Las mismas AFP que se entrenan con tropas extranjeras y reciben armamento avanzado siguen empleando su potencia de fuego contra comunidades rurales, fuerzas revolucionarias y organizaciones de masas que luchan por la justicia social y la liberación nacional.
Estos generales de las AFP son los mismos halcones belicistas que figuran entre los principales obstáculos para la reanudación de unas negociaciones de paz sustantivas entre el NDFP y el GRP. Durante décadas, han saboteado sistemáticamente los esfuerzos por abordar las causas profundas del conflicto armado, insistiendo en la rendición y capitulación del movimiento revolucionario en lugar de entablar verdaderas negociaciones sobre reformas sociales, económicas y políticas.
La firma del memorándum de las ocho estrellas y la reafirmación del MDT deben entenderse, por tanto, como nuevos pasos hacia la consolidación del dominio imperialista estadounidense sobre el Estado neocolonial filipino.
La lucha del pueblo filipino contra el MDT es inseparable de la lucha más amplia contra el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático. Una auténtica seguridad nacional nunca puede alcanzarse mediante la dependencia de potencias militares extranjeras. Solo puede garantizarse mediante la afirmación de la soberanía nacional, el desmantelamiento del control imperialista y la realización de las aspiraciones democráticas del pueblo filipino.