Vol. VIII, No. 08 - 15 Septiembre 2026

En Filipinas, el conflicto entre las dos facciones políticas dominantes, encabezadas por Marcos y Duterte, se ha intensificado hasta alcanzar cotas sin precedentes. El presidente del régimen, Ferdinand Marcos Jr., y la vicepresidenta, Sara Duterte, se estrangulan mutuamente cada vez con más fuerza, azuzados y respaldados por sus respectivos grupos de partidarios. Entretanto, el pueblo filipino, cada vez más golpeado por el encarecimiento de la vida, la falta de empleo, el fracaso de la agricultura a causa de las prácticas feudales y los desastres naturales, y las vulneraciones de sus derechos políticos y humanos, se organiza y lucha por un cambio sistémico que conduzca a una sociedad más equitativa y justa.

Hace menos de cinco años, Marcos Jr. y Sara Duterte hicieron campaña juntos en la coalición «UniTeam» durante las elecciones reaccionarias, con el objetivo de imponerse de forma arrolladora a sus demás adversarios. Sin embargo, esta unidad no duró mucho. Sara se enfureció cuando Marcos rechazó su exigencia de ser nombrada secretaria de Defensa y solo le asignó la cartera de Educación. Ella y sus aliados emprendieron entonces una campaña generalizada e implacable contra Marcos, al que calificaron de corrupto y drogadicto, y llegaron incluso a exigir su dimisión.
Sara y su clan se vieron debilitados por el encarcelamiento de su padre, el expresidente Rodrigo Duterte, en el centro de detención de la Corte Penal Internacional, donde está acusado de crímenes contra la humanidad por su «guerra contra las drogas». La propia Sara se encuentra ahora inmersa en un proceso de destitución, acusada de soborno, malversación de fondos confidenciales, patrimonio de origen no justificado y amenazas de muerte contra Marcos, la esposa de este y su primo, Martin Romualdez, expresidente de la Cámara de Representantes. Tras una serie de episodios casi cómicos escenificados por sectores rivales leales a ambas facciones, y ridiculizados incluso por la comunidad internacional, el Senado apenas logró recomponerse y constituirse en tribunal para el juicio político. Además, Sara ha sido acusada ante un tribunal ordinario de tres cargos por el delito de amenazas graves.

El propio Marcos está en serios apuros o, más exactamente, hasta el cuello en acusaciones de corrupción masiva relacionadas con cientos de miles de millones de pesos destinados a proyectos de control de inundaciones y otras infraestructuras. Ha tenido que convertir en chivos expiatorios a su primo Romualdez y a altos cargos del Gobierno, entre ellos miembros de su gabinete, con la vana esperanza de eludir su responsabilidad por estas acusaciones. La población considera asimismo que el encarcelamiento de algunos funcionarios y contratistas no es más que la punta del iceberg de la corrupción en el aparato gubernamental.

Entretanto, el pueblo filipino sufre duramente el rápido aumento del coste de la vida, provocado por la creciente corrupción de la clase dominante y agravado por factores externos como la agresión del imperialismo estadounidense y sus aliados en Asia Occidental. Las masas, especialmente en el campo, padecen las más atroces violaciones de sus derechos humanos como consecuencia de la militarización de vastas zonas, llevada a cabo a menudo para facilitar las operaciones mineras de empresas extranjeras y otras formas destructivas de explotación de los recursos naturales. La infame masacre de 19 personas en Toboso, entre ellas jóvenes procedentes del extranjero, es solo una de las atrocidades perpetradas por este régimen asesino.

Las distintas formas de movilización popular se multiplican en los centros urbanos, mientras las fuerzas armadas revolucionarias crecen rápidamente en el campo. Al mismo tiempo, se intensifica el conflicto entre las facciones de la clase dominante.

Estos hechos recuerdan los acontecimientos de hace cinco décadas y media, en vísperas de la imposición de la infame ley marcial por el dictador Ferdinand Marcos Sr., padre del actual presidente, el 21 de septiembre de 1972. El pueblo no debe permitir que esto vuelva a suceder.

Pero, si el actual régimen de Marcos contempla una medida similar, debería recordar las lecciones de la historia. El movimiento revolucionario popular creció exponencialmente bajo la represión más brutal de la dictadura de su padre. La opresión engendra resistencia.