El ejército de los Estados Unidos, bajo las órdenes directas del presidente Donald Trump, lanzó una operación a gran escala contra la República Bolivariana de Venezuela, bombardeó objetivos militares en Caracas, mató a decenas de soldados y civiles venezolanos y expulsó por la fuerza al presidente Nicolás Maduro y a su esposa de su país, trasladándolos a Nueva York para ser juzgados en un tribunal federal estadounidense.
El editorial de la reciente edición de Updates Philippines, del 15 de enero de 2026, afirmaba que la administración Trump tiene claras sus intenciones de reafirmar la Doctrina Monroe, negar a otras potencias el acceso a los recursos de la región e impedir que los gobiernos que defienden su independencia tracen su propio rumbo.
El editorial explica que Venezuela, con sus vastas reservas petroleras y su negativa a someterse a los dictados de Estados Unidos, se interpone directamente en el camino de este objetivo. Por lo tanto, todo lo que se dice sobre la «guerra contra las drogas» y la «preocupación por los derechos humanos» son mentiras. El verdadero objetivo es controlar el petróleo, el territorio y la dirección política de Venezuela, así como controlar toda la región.
«Esta agresión también debe entenderse en el contexto de la intensificación de la rivalidad interimperialista. Estados Unidos se enfrenta a una competencia cada vez mayor, especialmente por parte de China, en medio del estancamiento económico a largo plazo y la inestabilidad del sistema imperialista mundial. Para proteger su esfera de influencia, cada vez más reducida, Trump está reforzando su control sobre América Latina y el Caribe... La postura independiente de Venezuela y su posible alineamiento político fuera del control de Estados Unidos desencadenan, por lo tanto, la represalia imperialista», continúa el editorial.
Pero esta ofensiva también revela debilidad. «El imperialismo estadounidense es llamado, con razón, un tigre de papel. Tiene garras y dientes, puede destruir, matar y aterrorizar, pero carece de la capacidad para resolver las crisis que él mismo crea. No puede impedir que el pueblo se resista». En los propios Estados Unidos, un gran número de estadounidenses e inmigrantes rechazan las guerras interminables y las intervenciones extranjeras que solo sirven a los intereses de las empresas y la élite gobernante. Los trabajadores, las comunidades oprimidas, los jóvenes y los activistas contra la guerra ven cada vez más que el imperialismo en el extranjero significa explotación y represión en casa.
El editorial dice que esta realidad es dolorosamente familiar para el pueblo filipino. La misma política imperialista que se aplica en Venezuela se aplica en Filipinas. Estados Unidos ha convertido a Filipinas en una base militar avanzada mediante el despliegue de misiles, ejercicios de guerra y acuerdos de base vinculados a su estrategia de «primera cadena de islas» para contener a China.
Esta militarización va acompañada del apoyo a una brutal guerra de «contrainsurgencia» destinada a aplastar el movimiento de liberación nacional. Se bombardean comunidades enteras, se asesina a activistas y los niños quedan atrapados en el fuego cruzado, todo ello para garantizar que Filipinas permanezca firmemente bajo el control de Estados Unidos.
«Desde Caracas hasta Manila, la gente está resistiendo. La resistencia de Venezuela y la solidaridad que inspira forman parte de un movimiento histórico más amplio contra el imperialismo estadounidense. La crisis del imperialismo estadounidense se está agravando y profundizando. Y ninguna fuerza militar bruta podrá detener esa marea», concluye el editorial.